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El camarero cuya identidad había que proteger, en portada en dos diarios

'El Mundo' y 'La Razón' entrevistan al hombre que despreció a Quimi Portet

Supongo que los que ayer se indignaban porque Quimi Portet (5.436 seguidores en Twitter) colgó una foto del camarero que lo ofendió despreciando la lengua que hablaba, hoy harán un ruido proporcional debido a que El Mundo (815.000 lectores, EGM dixit) y La Razón (249.000) lo ponen en portada. Es evidente que, en el primer caso, el hombre habría preferido resguardar su impertinencia bajo el anonimato y que, con los periódicos, se ha prestado a ello voluntariamente. (¿Lo ha hecho con agrado? ¿Es consciente de las repercusiones de una insolación mediática a la que le han empujado?) Pero conviene preguntarse por qué este asunto menor se ha convertido en fenómeno en los diarios de Madrid (porque ningún periódico catalán ha prestado honores de portada ni a la denuncia original, ni a la respuesta del ofendedor o de la compañía marítima). Y conviene reflexionar también sobre quién ha instrumentalizado a este trabajador, y lo ha convertido en un símbolo de quién sabe qué. Y analizar, de paso, quién lo expone ahora realmente a la opinión pública, con nombres y apellidos, y maquilla su historia: porque no se trata de si este camarero ignora -inverosímilmente, dado su oficio y ubicación laboral- qué es un " cafè amb llet". La cuestión aquí es la normalidad con la que alguien tras un mostrador de atención al público desprecia al cliente con un comentario sarcástico por el hecho de hablar en catalán. Es catalanofobia ambiental, justo lo que la caverna nunca admitirá que pasa, porque le revienta el relato. Quien tenga estómago, que se pasee por los comentarios de El Mundo y La Razón, y entenderá en un par de minutos de qué va todo esto: de crispar y excitar a la parroquia.

¿La foto? Yo no la habría mandado: prefiero atacar las causas que los individuos. Pero maximizar este detalle es empeñarse en mirar el dedo con ojos bizcos. La luna, diablos, la luna.