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El sueño de la vicepresidenta

El PP quiere ganar por 10 a 0 la guerra que emprendió hace ya mucho tiempo para recuperar la España unitaria de siempre

Parece que la vicepresidenta Sáenz de Santamaría comentó al diputado Jordi Xuclà que el Gobierno ganaría por 10 a 0 el conflicto que culmina el 1-O. Creo, sin embargo, que la ambición de ganar por 10 a 0 va mucho más allá. El PP quiere ganar por 10 a 0 la guerra que emprendió hace ya mucho tiempo para recuperar la España unitaria de siempre, trastornada por la transición post-Franco (como ya ocurrió en 1931). Una advertencia: no creo que la opinión española, ni la de sus élites, sea homogénea. No subestimaría las diferencias entre el PP y el PSOE o Podemos. Ni la variedad de actitudes hacia Cataluña entre la gente de derechas, como tampoco entre la gente de izquierdas. Pero, dicho esto, también es claro que, lamentablemente, la derecha profunda y esencialista ha marcado la agenda y domina, de largo, el discurso y la iniciativa política.

El concepto de Estado que encarna el PP simplemente no puede tolerar la diferencia. No puede tolerar ni Gibraltar. El PP quiere viajar al pasado y quiere arrastrarnos con ellos. Desde su primera mayoría absoluta, en el año 2000, están en campaña permanente para este objetivo. Y, como he dicho, quieren ganar por 10 a 0. Su estrategia de campaña tiene cuatro fases.

La primera es recentralizar y liquidar de facto el estado de las autonomías. En esta tarea han avanzado mucho. Consideremos, por ejemplo y significativamente, que lo primero que hizo el nuevo gobierno del PP en 2011 fue abortar el proceso que podría haber llevado a la gestión individualizada del aeropuerto del Prat. Pero quizá lo más notable, y más reciente, es el tristísimo trabajo de la comisión de expertos sobre el sistema de financiación, que, con las excepciones de la discrepancia total de Baleares y la no presencia de Cataluña, se podría resumir a dar carta blanca al ministerio a cambio de nada, ni de cuatro lentejas. Ha sido patético.

Si consiguen liquidar la diferencia catalana entonces la tercera fase será la laminación de la autonomía vasca



La segunda, que les está siendo más difícil, es domesticar Cataluña para acomodarla en el modelo unitario. Aspiran a que Cataluña sea como una región francesa y Barcelona como Lyon. Las regiones francesas no sólo dependen en todo de París sino que son felices de depender de París. Esto es lo que sueñan los dirigentes del PP. Y en cuanto a la lengua, sólo hay que mirar lo que promueven en Valencia y en Baleares: la folklorización y la degeneración hacia un patois. Que nadie se crea que cuando hayan liquidado el estado de las autonomías permitirán una excepción catalana. Hicieron el café para todos para evitarlo ("Cataluña es una nación y por lo tanto nosotros también") y ahora lo retiran con la misma intención ("No somos una nación y por tanto Cataluña tampoco").

Si consiguen liquidar la diferencia catalana entonces la tercera fase será la laminación de la autonomía vasca. No sé si en Euskadi son conscientes, pero la garantía de su excepcionalidad es la resistencia catalana. Ahora el PP disimula (Ciudadanos menos) porque le conviene. Pero para el esencialismo del estado unitario no hay nada consolidado. No hay excepciones.

Y la cuarta fase -de hecho, no tanto una fase como una faceta permanente de actividad- es el agrandamiento de Madrid. Para el centralismo el trato diferente de la capital no es una excepción, es la arquitectura política natural. Esto se lleva a extremos exacerbados. No se tiene suficiente con la capital acumulando todas las instituciones del Estado. También se quiere que tenga las mejores infraestructuras y que sea el hábitat propio de los ricos y de los centros de decisión económica. Y para ello es necesario que Madrid pueda tener un régimen fiscal más favorable que las provincias. Entre las recomendaciones de la comisión de expertos de la financiación hay una sensata: armonizar el impuesto de sucesiones. No lo harán. Al contrario, es previsible que el próximo sistema de financiación consagre la excepcionalidad fiscal (perdón: la preeminencia debida) de Madrid.

Y aquí es donde pretenden llegar. Es el camino que creen que se les abre decisivamente si en el conflicto del 1-O ganan por 10 a 0. Tengo amigos que piensan que hemos ido demasiado rápido, que la asociación con la CUP es problemática, que con los resultados del 27-S no teníamos que poner fechas. En definitiva: que hemos cometido errores. Yo les digo que puedo compartir estos juicios pero que ni ellos ni yo queremos, aquí y ahora, que la vicepresidenta efectivamente gane por 10 a 0. Y eso quiere decir que el día 1 de octubre es necesario que se despliegue una gran, y pacífica, demostración de dignidad democrática, y que estemos en condiciones de levantarnos, el 2 de octubre, con la cabeza y la moral bien altas.