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Las respuestas que pedía Josep Borrell

El gobierno central tiene una discrecionalidad altísima con los recursos recaudados vía impuestos: las carreteras se pueden hacer aquí o allí

Hace un par de semanas, en 8TV, Josep Borrell y Oriol Junqueras se enfrentaron en un debate sobre la independencia de Cataluña. Borrell venía a denunciar, con datos concretos y con preguntas precisas, las falsedades en que, a su juicio, se basarían los argumentos independentistas. Junqueras, que venía a defender el derecho de los catalanes a la independencia, no parecía haberse preparado el debate; en consecuencia, dejó sin respuesta todas las preguntas de Borrell. En síntesis, las preguntas fueron cuatro, y mi propósito aquí es responderlas.

Cataluña debería negociar la adhesión a la UE. Borrell comenzó recordando manifestaciones sobre una adhesión automática de Cataluña a la Unión Europea y poniendo de manifiesto varias opiniones autorizadas según las cuales, por el contrario, la independización supondría la salida automática de la Unión y, por tanto, la necesidad de una negociación, de resultados inciertos, entre Cataluña y la Unión.

Borrell tiene razón, pero el tema ya está superado. Después de muchas dudas, el bando independentista hizo suya la opinión de un miembro del Consejo de Estado francés, Yves Gounin, que, tras poner de manifiesto que los argumentos jurídicos no permitían resolver la cuestión en un sentido u otro, concluía: "La solución más razonable consistiría en negociar simultáneamente la independencia y la adhesión a la Unión Europea [...]. No habría, pues, ni adhesión automática ni puesta en marcha del procedimiento [...] previsto en el artículo 49 del Tratado de la UE" (que es el que establece la necesidad de un acuerdo unánime de los miembros para aceptar a uno nuevo).

Pocos independentistas creen ya que no debería haber una negociación con la UE

Pocos independentistas creen ya que no debería haber una negociación con la UE, y no está de más recordar que en el caso escocés se había establecido que si ganaba la independencia se abriría un plazo de 18 meses para negociar simultáneamente los términos de la independización y la adhesión a la UE. El Brexit vuelve a poner sobre la mesa esta previsión.

El límite del 4% alemán no existe. Durante mucho tiempo muchos creímos que alguna ley alemana limitaba los déficits fiscales de los lands al 4% de su PIB respectivo... hasta que se demostró que tal ley no existía, momento en que dejó de ser utilizada como un argumento.

Borrell, pues, tenía razón: la limitación no existe. Ahora bien, hay que recordar que el Tribunal Constitucional alemán ha fallado al menos en dos ocasiones contra el gobierno federal porque transfería demasiados recursos de unos lands a otros (por ejemplo, la sentencia del 11-11-99). El límite del 4% no existe, pero eso no significa que el gobierno federal alemán pueda hacer lo que le apetezca en materia de redistribución financiera entre territorios.

16.000 no es la mitad de 78.500. Borrell denunció que Junqueras y compañía habían declarado en varias ocasiones que el déficit fiscal catalán era de 16.000 millones de euros, una cifra que representaría la mitad de los impuestos pagados por los catalanes. Ahora bien, según él, documentos del propio departamento de Economía de la Generalitat pondrían de manifiesto que lo que los catalanes pagan en impuestos no serían 32.000 millones sino 78.500.

Aquí Borrell hace trampa. Los impuestos que pagan los catalanes al Estado no son 78.500 millones sino 32.000 millones. Para llegar a la cifra de 78.500 hay que añadirle los que pagan los catalanes a la Generalitat y los ayuntamientos y sus contribuciones a la Seguridad Social. Ahora bien, las aportaciones a la Seguridad Social no son impuestos, y la diferencia no es sólo un tecnicismo. Las contribuciones y las prestaciones de la Seguridad Social tienen carácter automático: dos españoles en idéntica situación reciben necesariamente el mismo trato de la Seguridad Social, y, por ello, este organismo no efectúa más que una mínima redistribución de recursos de carácter territorial. En cambio, con los recursos recaudados vía impuestos la discrecionalidad de que goza el gobierno central es altísima: las carreteras se pueden hacer aquí o allí. Es por eso que tiene todo el sentido del mundo referir el déficit fiscal sólo a los impuestos estatales, y no a la suma de estos con otros impuestos y con las contribuciones a la Seguridad Social.

El déficit fiscal en realidad es sólo de 2.405 millones, según Mas-Colell. Una vez más, Borrell hizo trampa. Los 16.000 millones los calculó el gobierno central, y la cifra de 2.405 millones no tiene nada que ver con el déficit fiscal catalán sino que es una medida del superávit que tendría la Generalitat de Cataluña (que no es lo mismo que Cataluña) en caso que, una vez independizada, decidiese mantener la presión fiscal y el mismo nivel de servicios públicos. Puede parecer poco, pero no hay que olvidar que ahora, para recibir estos mismos servicios, nos estamos endeudando, mientras que lo que dice la cifra es que no sólo no habría que seguir haciéndolo sino que incluso sobraría dinero.