¿Y si nos viésemos como parientes lejanos?

El individualismo se ha convertido en una perspectiva vital

Cada vez que intento leer el periódico siento una sombra oscura agarrada en el pecho, una sanguijuela que succiona despacio cualquier esperanza de cambio, y borra mi buen humor a golpe de titular.

Si mi cerebro fuese una nube de palabras, 'crisis' ocuparía toda mi capacidad craneal. Las letras aplastadas llenarían cada uno de los resquicios de mi mente, enredándose entre ellas hasta perder el significado. Mientras sigo leyendo las noticias del día, los pájaros de la huelga, los desahucios y la corrupción fabrican su nido entre las consonantes.

Vivimos una época compleja. Cada vez estamos más alejados de nuestro entorno y del mundo en que vivimos, tan frustrados con las circunstancias que hemos tirado la toalla.

Ante semejante panorama, solo podemos preocuparnos por nosotros mismos. El individualismo se ha convertido en una perspectiva vital y los enfrentamientos y las divisiones internas colapsan despacio y con buena buena letra la estructura social. En lo alto de la torre de la egolatría se sostiene una bandera que reza: “Yo contra el mundo”.

Y ahora que estamos a punto de cerrar el año, yo me pregunto ¿Hay esperanza? ¿Cómo salir de este sueño individualista en el que nos hemos quedado estancados? ¿Cómo apostar por la fuerza colectiva?

Tal vez sería más sencillo si nos viésemos los unos a los otros como parientes lejanos. Personas con las que compartimos un lazo que va más allá del beneficio personal. Miembros de la misma tribu.

Así quiero abrir el 2019. Entendiendo el mundo no como un territorio hostil lleno de extraños sino como una fiesta llena de amigos a los que todavía no conozco.

Sabiendo que en el fondo es más lo que nos une que lo que nos separa.