¿Es el poliamor un mercado de afectos?

El poliamor no es una excusa para acostarse con otras personas

Aunque las historias sobre amores plurales acaparan cada vez más páginas en las revistas de tendencias, siguen siendo muchos los detractores de esta forma de entender las relaciones afectivas. Las críticas son punzantes y no se andan con rodeos. Se habla de la mercantilización del amor y la incapacidad de establecer relaciones duraderas dentro de una sociedad donde el capitalismo ha afectado hasta lo que hacemos dentro de las sábanas.

Pero hablar del poliamor como si se tratase de una estrategia neoliberal implica reducir nuestros sentimientos a un mero mercado de los afectos. Este análisis parece olvidarse de dos cuestiones esenciales. Por una parte, el poliamor habla del desarrollo de estructuras afectivas profundas y no únicamente de la exploración sin límites de nuestra sexualidad. Ni es una excusa para acostarse con otras personas, ni una manera de camuflar incapacidades a la hora de comprometerse. Y por otra, tenemos que entender que el poliamor no presenta un modelo de relaciones afectivas sin regulaciones. Los acuerdos y las reglas son tan necesarios como en cualquier otro vínculo interpersonal, con la diferencia de que aquí son las partes afectadas las que establecen las cláusulas del contrato, en vez de conformarse con aquellas impuestas por la sociedad.

Los pilares fundamentales de este tipo de vínculo son la intimidad, la sinceridad y el compromiso. Igualito que en una relación monógama sana, pero con la diferencia de que aquí la apuesta es mucho más alta y con tantas cartas sobre la mesa hay que hacer mucho hincapié en saber jugar bien desde el principio. De hecho, las herramientas para navegar en aguas tranquilas pasan por comprender tus expectativas, aprender a comunicar tus necesidades y tener un mínimo entendimiento de lo que es la inteligencia emocional. Parece de lógica, ¿Verdad?

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