El cómic fuera de sus casillas

En el cómic convergen grafismo, pintura, literatura, teatro, cinematografía, diseño…

El cómic está que se sale. Un año más puede presentar un balance positivo tanto en ventas como en calidad de obras o en reconocimiento internacional. Pero, si algo caracteriza su evolución en estos meses, es la salida de sus soportes y circuitos de distribución habituales para conquistar nuevos espacios. Podríamos decir que se ha producido un 'desbordamiento' de la viñeta. Retomaríamos así el título de la exposición de Max y Sergio García en el museo José Guerrero de Granada. 'Viñetas desbordadas' ofrece una muestra insólita en la que estos dos dibujantes intervienen el museo trazando sobre las paredes, creando recorridos, guiños de un muro a otro, correspondencias entre salas y un interesante laberinto de situaciones en el que el espectador busca, avanza, retrocede en un juego de las mil y una historias. Algo parecido hace Paco Roca en el IVAM con 'El dibuixat', un personaje que se fuga de la viñeta, se desplaza por muros, se esconde en rincones, sube en el ascensor, salta por la ventana y hasta nos da acceso a la cabeza del autor. El éxito de ambas exposiciones hace esperar otras experiencias similares.

De manera más convencional, el Reina Sofía acogió una exposición de originales de Herriman presentada en conferencia por Art Spiegelman. Y, sin salir de los museos, hemos visto cómo Sento conmemora los doscientos años de El Prado con un álbum que recoge siete episodios claves de su historia. Mientras tanto, el Thyssen mantiene su colección de cómic con títulos como 'Museomaquia' de Santiago García y David Sánchez. Ese espacio perseguido durante décadas, esa tierra prometida de la legitimación artística que es el museo parece haberse rendido finalmente al potencial expositivo del arte secuencial.

El cómic se confirma como forma de expresión de creciente arraigo en nuestra conectiva contemporaneidad

El cine es otro ámbito en el que el cómic ha conocido una importante expansión. 'Superlópez' de Jan ha venido a añadirse a 'Anacleto' de Vázquez, 'Zipi y Zape' de Escobar o 'Mortadelo y Filemón' de Ibáñez. Este tronco argumental del humor Bruguera, junto con el que, en su momento, suministró 'El jueves' con 'Makinavaja' e 'Historias de la puta mili' de Ivá, parece, si no superado, al menos enriquecido por propuestas de índole muy distinta. 'Memorias de un hombre en pijama' ha pasado este año a la pantalla, añadiéndose a 'Arrugas' y precediendo la adaptación de 'La casa', títulos todos de Paco Roca. Sumemos el estreno de 'Buñuel en el laberinto de las tortugas' de Fermín Solís, la próxima conversión en serie televisiva de 'El vecino' de Santiago García y Pepo Pérez o el rodaje de 'Sordo' de Rayco Pulido. Hasta exportamos a cinematografías extranjeras con la adaptación francesa de 'Dream team' de Mario Torrecillas y la norteamericana de 'Polar' de Víctor Santos.

El periodismo también abre sus puertas a la viñeta. Nunca se las había cerrado porque prensa y cómic han caminado siempre de la mano. Pero ahora el cómic periodístico adquiere una más profunda dimensión. 'La grieta' de Carlos Spottorno y Guillermo Abril propone un documentado reportaje donde se denuncia la situación de los refugiados que pretenden entrar en Europa. En formato más corto Díaz Canales inicia una serie de “comentarios gráficos” para 'El País'. La revista 'M-21' del Ayuntamiento de Madrid presenta en cómic la actualidad de la ciudad. Y el periódico que nos acoge incluye historietas periodísticas en su edición especial ilustrada y en su sección veraniega 'Vinyetari'.

Aún podríamos mencionar otros 'desbordamientos' del cómic como la tendencia a adaptar novelas o su inclusión normalizada en la publicidad. Lo dicho es suficiente para confirmar el cómic como forma de expresión de creciente arraigo en nuestra conectiva contemporaneidad. Y esto supone un importante cambio conceptual para quienes, desde hace años, venimos siguiendo sus argumentaciones teóricas. Todavía resuena esa explicación, casi reivindicación, del cómic como un medio de confluencias. En él convergen grafismo, pintura, literatura, teatro, cinematografía, diseño…Una amalgama de competencias que han llevado a definirlo como forma de expresión mixta, híbrido por excelencia, capaz de realizar una síntesis funcional de artes ya reconocidas. Ello permitía, además de aludir a la riqueza de sus recursos, apuntalar la reclamación de un estatus artístico. Pues bien, ahora resulta que esas convergencias que lo constituyen también facilitan su diseminación fertilizante. Es como si, una vez alcanzado cierto nivel creativo, estuviera en condiciones de devolver lo que ha tomado prestado y lo hiciera con la misma enriquecedora naturalidad. Lo que importó para constituirse ahora lo exporta. Si esto se confirmara, el cómic estaría destinado a ocupar un espacio central en el panorama creativo, a resplandecer en una iluminadora divergencia.