La conquista de América: ¿pedir perdón?

No se trata exactamente de perdonar, pero sí de entender lo que pasó

ANTONIO ESPINO LÓPEZ
ANTONIO ESPINO LÓPEZ Catedrático de Historia Moderna de la Universidad Autónoma de Barcelona

En los últimos tiempos, y por circunstancias diversas, la conquista española de América parece estar de moda. Si bien el movimiento indigenista estadounidense llevaba un tiempo mostrándose receloso respecto a figuras como Fray Junípero Serra, y cierto concejal de Los Ángeles insistió en la retirada de una estatua del almirante Colón de un parque de esta ciudad a finales del 2018, lo cierto es que la demanda hecha por el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, al rey de España solicitándole disculpas oficialmente por hechos ocurridos hace medio milenio puede resultar chocante a algunos. Pero no lo es. Vamos por partes.

Era fácil aventurar que alguien con la trayectoria política del presidente López Obrador no dejaría pasar la oportunidad que le ofrecía una efeméride como el quinto centenario del inicio de la conquista del imperio mexicano por Hernán Cortés. Dejando de lado el hecho, factible, de que López Obrador, al menos durante algunos días, oculte a la opinión pública muchos de los graves problemas que afectan a su país, lo cierto es que ya es hora de que desde este lado del Atlántico se asimilen algunas cosas. El problema de fondo, en mi opinión, es que, en cuanto a la conquista, nunca se quisieron aceptar los muchos males, las muchas tragedias, que conlleva toda actuación imperialista. Sólo una ideología conservadora, nacionalcatólica, racista e imperialista heredera del franquismo nos permite sostener hoy en día, en pleno siglo XXI, que el colonialismo español tuvo aspectos positivos. Incluso aspectos civilizadores, como ha manifestado una de las mentes preclaras del Partido Popular, el señor Hernando. Todavía hay quien se niega a considerar la conquista española de las Indias como una tragedia de dimensiones colosales. En el imaginario de la nación española quedó establecida una verdad indiscutible, casi sagrada, ya que es uno de sus máximos fundamentos: la conquista de América fue un hecho trascendente para toda la humanidad, del que somos los únicos y brillantes responsables, 'ergo', este hecho tan fundamental para el devenir de la civilización no podía ser manchado por ninguna crítica. La historia oficial, porque este es el drama, de la conquista de América nunca se puso en la piel del vencido. Es que no hubo vencidos, sencillamente. La historiografía americanista creó un discurso en el que, en la conquista de América, la guerra no tuvo relevancia ni casi víctimas; fue un imperialismo sin explotación; fue un colonialismo amable y heterodoxo, ya que, en lugar de sustraer, enriquecía: proporcionó una lengua, una cultura, una civilización... No arrasó nada importante, porque poco había de importante que se perdiera. Nunca se quiso contemplar el fenómeno como lo que fue: la explotación de un continente y su gente por unos invasores extranjeros, cuyos ancestros también fueron invadidos por otros antes. Si no nos pidieron perdón tampoco lo vamos a pedir nosotros. No se trata exactamente de perdonar, pero sí de entender lo que pasó sin presentismo, apriorismos ni falsas erudiciones. Deberíamos aprender a aceptar cualquier crítica constructiva sobre nuestro pasado porque sólo de esta manera analizaremos y conoceremos mejor nuestra realidad presente. Criticar la hazaña de Cortés no debe entenderse como un insulto hacia la sociedad española actual, ya que no lo es. La historia es fundamental para nuestra sociedad, por eso no deberíamos dejarla en manos de los políticos.