Va con pilas, hay que montarlo y es sexista de narices

Niñas cursis que todo lo tienen rosa y juegan con muñecas que quieren ser 'top models' para viajar a Nueva York y que les hagan muchas fotos, y niños empujando unos coches a toda velocidad

CUÁNTOS AÑOS HACE que hablamos del sexismo en la publicidad de juguetes. Y de cómo los anuncios engañan a los niños. Da pereza volver a hacerlo, y más cuando se ve que ir hablando de los problemas no los resuelve. Pero mirad cinco minutos seguidos de un canal infantil con atención y os quedará claro que no nos podemos rendir. Deduzco que han puesto algunas normas, y hace reír (por no llorar) como se las saltan. Ves unas letrita blancas, con un cuerpo pequeño, avanzando a toda velocidad, que te avisan de que lleva pilas (pesadilla de los padres), que aquello se debe montar (drama asegurado), que el anuncio es una ficción animada (el juego no se parecerá ni en pintura) y que las piezas se deben comprar aparte (vamos, que la caja estará vacía como una bolsa de patatas).

En mi anuncio preferido hay unas niñas con un móvil y una tablet, y debajo las letras dicen "móvil y tablet no incluidos". Una forma extraordinaria de educar a los niños en la publicidad, de demostrarles que te enseñan lo que no te venderán y te venderán lo que no te enseñan.

El sexismo es más desvergonzado que nunca. Hubo un tiempo en que alguien disimulaba, aparecía algún anuncio premiado con niñas y juegos de construcción. Ahora todo va sin manías ni contemplaciones. Niñas cursis que todo lo tienen rosa y juegan con muñecas que quieren ser top models para viajar a Nueva York y que les hagan muchas fotos, y niños empujando unos coches a toda velocidad. Son espots breves, directos, agobiantes, con musiquitas pegajosas, y no hay tiempo ni siquiera para hacer ver que te preocupan los referentes que creas. Al inicio de las campañas contra el sexismo en los niños hubo todo tipo de burlas sobre la corrección política, y comentarios de barra de bar que aseguran que los niños son así y las niñas son asá. He visto suficientes casos para tener claro que la cultura dominante -sobre todo la de los adultos- y la educación tienen muchísimo que ver. Y la mayoría de anuncios perpetúan unos modelos nada modélicos.