Un Parlament con paredes de cristal

Nos toca demostrar con hechos que esta legislatura constituyente desembocará en la construcción de un país más justo, más próspero, más democrático y más limpio

Encaramos una legislatura trascendental, la más importante desde el restablecimiento del Parlamento, en el año 1980. Una legislatura en la que tenemos que dar respuesta a los retos sociales de un país castigado por la crisis económica y una creciente desigualdad, por un desequilibrio fiscal insólito en Europa y por unas finanzas intervenidas. Es también la legislatura en la que avanzaremos en la construcción de un país nuevo, que debe contar con la participación de todas las sensibilidades de la sociedad catalana. Un país más justo que tenemos que empezar a construir desde ahora mismo.


Para alcanzar estos retos inmensos hay que pasar por la investidura de un presidente de la Generalitat y por la formación de un gobierno que permita desarrollar en todas sus capacidades y potencialidades la actividad parlamentaria. Y es precisamente porque lo que tenemos delante es tan importante que las formaciones políticas estarán a la altura del momento histórico y acabarán encontrando los puntos en común necesarios para arrancar definitivamente una legislatura apasionante. La sociedad catalana ha demostrado repetidas veces su capacidad para ponerse de acuerdo, para encontrarse y unirse en la diversidad cuando los objetivos lo valían. Es hora de que la política vuelva a mostrar la misma capacidad de entendimiento.


Las negociaciones en curso, sin embargo, no impiden que nos centremos en los pasos que marcarán el inicio de esta legislatura. Y este miércoles [9 de diciembre], Día Internacional Contra la Corrupción, debemos mirarnos al espejo como país para saber corregir los errores que hemos cometido y para conjurarnos para que no se repitan. Cataluña no está exenta de la lacra de la corrupción política y es por eso que, más allá de discursos y buenas palabras, los representantes políticos debemos generar los mecanismos de control necesarios para erradicarla o hacer que tienda a cero.


Esta debe ser también la legislatura que suponga el principio del fin de la corrupción política en Cataluña. Debemos utilizar todas las herramientas posibles para impedir las malas prácticas y para condenar a los corruptos de la manera más ágil y eficaz posible, ya que la lentitud de la justicia no sólo beneficia a los culpables sino que perjudica enormemente a aquellas personas inocentes que están inmersas en procesos eternos que ensucian su nombre.


El Parlament cuenta con una nueva herramienta en esta lucha: la ley de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno. Esta ley supuso la modificación del reglamento del Parlamento en julio, y ahora es el momento de desarrollarlo y aplicarlo. La transparencia es el gran antídoto contra los espacios oscuros y opacos, el ecosistema ideal para prevenir, descubrir y combatir la corrupción. Transparencia significa más apertura, más información, un control mejor y códigos más claros para que la ciudadanía conozca las actividades de sus representantes políticos. Significa, en definitiva, tener un Parlamento con paredes de cristal.


Uno de los elementos más destacados que conllevará esta ley en el ámbito parlamentario es la aprobación del código de conducta de los diputados. Además de la publicación de la declaración de bienes de los diputados, que ya se ha hecho efectiva, este código regulará las situaciones de conflicto de intereses, el cumplimiento de las obligaciones derivadas del régimen de incompatibilidades y el procedimiento y las consecuencias en caso de incumplimiento. Estas y otras informaciones y documentación del Parlamento se publicarán en el Portal de la Transparencia.


La ley supone también un avance en la regulación de los grupos de interés y el fomento de la participación ciudadana. El registro de grupos de interés permitirá normalizar las relaciones de estos grupos con la administración, hacer públicos los encuentros con los diputados y marcar las normas que deben cumplir. Por otra parte, la modificación del reglamento del Parlamento ha introducido la obligación de incentivar la participación ciudadana en la tramitación de iniciativas parlamentarias. Una medida para acercar la actividad parlamentaria a la ciudadanía y a las entidades del país.


Sólo con estas normas no acabaremos con la corrupción, es cierto. Sabemos que la lucha contra la corrupción es tenaz y constante, y que las instituciones públicas debemos liderarla con el apoyo y el acompañamiento de la ciudadanía. Pero la ley de transparencia y su desarrollo son un paso más en esta lucha y nos sirven para mostrar nuestra voluntad de ser implacables con la corrupción.


Vivimos momentos trascendentales. Nos toca demostrar con hechos, desde el primer día, que esta legislatura constituyente desembocará en la construcción de un país más justo, más próspero, más democrático y más limpio. Hacerlo posible está en nuestras manos, en las manos de todos y de todas, y depende sólo de nosotros que sea una realidad.