Asfixia

Liquidan el estado de derecho, el derecho a la disidencia, a protestar. Y quieren que nos quedemos

“Jamás en su opinión hubo violencia, de manera que los daños causados, los cortes de carreteras no eran más que una legítima expresión...”, dice el fiscal haciéndose el irónico. Cortes de carreteras. Le parecen rebelión los cortes de carreteras. “El procesado Junqueras es el líder principal”, dice el fiscal. Claro, porque Carles Puigdemont, el presidente, ahora es libre en Europa. “Hubo violencia física, la hubo, hubo violencia compulsiva”, dice el fiscal. Compulsiva. Qué locura. Pero es un hombre que manda y del que nadie puede cuestionar la conducta. Por encima ya no hay nadie. “Fue un golpe de estado”, dice el fiscal. No ha servido de nada ver los vídeos de la policía pegando a gente pacífica. No ha servido de nada preguntar por los daños en el mobiliario, inexistentes; enseñar manifestaciones de los 'chalecos amarillos', mucho más violentas; preguntar por cuántos daños sufrieron los policías, escasos. No ha servido de nada la defensa, las pruebas, de nada, porque ellos lo tenían en la cabeza, es rebelión, y no se han movido de aquí, no pueden, España es demasiado frágil, está demasiado mal cosida, somos demasiada gente los que no nos sentimos parte de ella. “El rey tuvo que pronunciar el tres de octubre un discurso de enorme calado”, dice el fiscal. Sí, aquel discurso que expulsó a más de dos millones de súbditos que no le reconocen ninguna autoridad si no es a la fuerza, como a la fuerza fue colocado su padre por el dictador Francisco Franco. Lo repetiremos tantas veces como haga falta. “No hace falta armas ni militares, ni que la violencia sea grave”, dice el fiscal. Fantástico. Entonces, todo es violencia, lo que haga falta, lo que les haga falta. “La movilización popular es una de las armas imprescindibles para este proceso”, dice el fiscal. Liquidan, pues, el estado de derecho, el derecho a la disidencia, a protestar. Así quieren que nos quedemos en España. Callados. “Como si fuera una crónica de una rebelión anunciada”, dice finalmente también. De los clichés, ni en un caso así, no nos libramos.