La doble apuesta de Pedro Sánchez

Muchos en el PSOE creen que una repetición electoral les beneficiaría

Pedro Sánchez no quiere un gobierno de coalición con Unidas Podemos.

Sin embargo, Iván Redondo, su cerebro, como llamaban a Karl Rove, el hombre que convirtió en presidenciable a George W. Bush, movió -en su órdago con UP -la misma pieza que ya ideó para la moción de censura contra Mariano Rajoy: si el entonces presidente del Gobierno dimitía se retiraba la moción. La jugada salió bien. Rajoy rechazó apartarse y Sánchez ganó la partida.

La repetición de esa jugada con UP consistió en esto: Sánchez tenía problemas con Pablo Iglesias, no con UP.

Pero a diferencia de Rajoy, el líder de UP decidió coger el toro por los cuernos y destruir la jugada de Redondo. Le desarmó con el renunciamiento. Y eso ha quedado en evidencia para todos.

El problema de fondo sigue ahí: lo que Sánchez no quiere es gobernar con UP dentro del consejo de ministros.

No se fía desde luego en que pueda controlar a Iglesias y a UP dentro de su gabinete. Un ejemplo que ha sido muy relevante para esa desconfianza absoluta fue la votación en la Mesa del Congreso de los Diputados, el pasado 24 de mayo, para suspender a los diputados de JxCat en prisión Jordi Turull, Josep Rull y Jordi Sànchez.

El PSOE entendió en las negociaciones previas con la portavoz Irene Montero que UP no se opondría al dictamen de los letrados de la Cámara a favor de aplicar la suspensión del artículo 384 bis de la ley de Enjuiciamiento Criminal. Pero UP votó en contra.

El PSOE y La Moncloa tienen encuestas que le estimulan por dos razones ir a unas elecciones generales el 10 de noviembre próximo. La primera es que podrían pasar de 123 a 148 escaños como mínimo; la segunda, que Ciudadanos y la apuesta de Albert Rivera desde las elecciones del 28-A sufrirían un castigo importante.

¿Por qué esa subida del PSOE? Porque, según fuentes socialistas, Pedro Sánchez  repetiría, en cierto modo, la jugada de los presupuestos de febrero pasado, cuando cogió al vuelo el rechazo frontal de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y disolvió las Cortes para celebrar elecciones el 28 de abril de 2019.

En ciertos círculos del PSOE se considera que, en efecto, Iglesias ha desactivado el jaque de Iván Redondo -el juego de vetar la incorporación del líder al Gobierno cuando en realidad lo que no se quiere es gobernar coaligado con UP -, pero al tiempo se valora que el relato de Sánchez le sitúa en excelentes condiciones para una repetición de las elecciones.

El líder del PSOE volvería a destrozar la imagen de que es la marioneta que  desean los independentistas, por un lado, y de que se ha escorado definitivamente hacia la izquierda, por el otro. Y, al tiempo, habría logrado desgastar considerablemente a Rivera.

La percepción de los electores sería que el PSOE habiendo ganado las elcciones del 28-A solo ha recibido la negativa cerrada de la derecha a que el ganador pueda formar gobierno, sin dar alternativa alguna, y que Unidos Podemos ha pedido demasiado.

Con todo, en el PSOE también hay dirigentes y barones que, frente a los que consideran, como Iván Redondo y muchos otros, que Sánchez tiene un relato ventajoso para acudir a nuevas elecciones, hay que tener en cuenta una segunda derivada: que Ciudadanos y Partido Popular, con apoyo de Vox, pueden presentar una marca conjunta para batir al PSOE, una resucitada Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) constituida bajo la Segunda República, en 1933. Vamos que no habrá complejos, como suele predicar José María Aznar, a la hora de barrer, todos unidos, a socialistas y comunistas (por UP).

¿Quiere todo este relato decir que se pueda dar por hecho el naufragio de la investidura?

No. Depende. Si Iglesias y UP aceptan participar en el gobierno en las condiciones que dicte Sánchez, entonces se podrá alcanzar el acuerdo. Hoy miércoles a las 10.30 la comisión ejecutiva del PSOE, convocada para analizar la situación, sabrá a que atenerse.