EL APUNTE

¡Adiós y gracias!

May quiere acceso a los mercados a cambio de cooperación en términos de seguridad y antiterrorismo, pero ayer mismo Merkel le paró los pies augurando una negociación intensa

"Ya os echamos de menos, gracias y adiós", y con cara de pena Donald Tusk, presidente del Consejo, se quedó en medio de la sala viendo como se iba el embajador británico. A pesar del tiempo que ha pasado, Europa sigue estupefacta por el portazo del Reino Unido después de 44 años de asociación especial con los vecinos europeos. Theresa May utilizó un tono conciliador en la Cámara de los Comunes, pero las seis páginas de la carta muestran dos amenazas veladas. Una es la vaguedad con que se tratan los tres millones de ciudadanos europeos residentes en el Reino Unido. La otra es la referencia a la seguridad. May quiere acceso a los mercados a cambio de cooperación en términos de seguridad y antiterrorismo, pero ayer mismo Merkel le paró los pies augurando una negociación intensa. Si Londres quería pactar la salida en paralelo con los nuevos acuerdos comerciales, Alemania precisó que primero habrá divorcio y después convenio, y que los trámites van para largo. Ayer fue un día extraño para el proyecto europeo. May reivindicaba una Gran Bretaña con seguridad, libre comercio y valores liberales, y lo hacía marchándose de la Unión, que en las últimas décadas ha sido un garante de los tres valores. Los demagogos que auguraron un país de las maravillas y sin extranjeros no tardarán en ver que su sueño no es posible en una economía abierta. El referéndum no tiene marcha atrás y la negociación será dura. Adiós y gracias. Ahora ya no hay excusas para no apostar por un núcleo duro capaz de reivindicar Europa como un espacio privilegiado.