La habitación del pánico

El estado mayor de los partidos del establishment tira de toda su artillería electoral

Después de las encuestas de principios de campaña, han venido los debates y, con ellos, el miedo. La muchachada emergente ha demostrado que es capaz de sostener un debate presidencial, y no solo eso: ha metido miedo en el cuerpo. Tanto que después del debate a cuatro, menos uno, el estado mayor de los partidos del establishment se ha recluido en sus cuartos del pánico, tirando de toda su artillería electoral. Unos más que otros. Sin entrar en sus balances y otras consideraciones, la campaña del PP no está siendo mala, al final, Rajoy le ha hecho caso a Moragas frente a sus clásicos; en la otra banda, mal que le pese al deseo, el PSOE no parece dar en la tecla. Su error inicial consistió en considerar una campaña a dos, algo a lo que está acostumbrado con variable fortuna. Ahora, comprobado su error, ha tirado de fondo de armario.

La irrupción de González y sus contradicciones, sin embargo, no parece que ayude mucho a un líder que se empeña en el continuismo, mientras que la campaña acaricia la ruptura, el nuevo tiempo. Rubalcaba anda de romería por medios receptivos tratando de apuntalar a su candidato e incluso ha reaparecido un hasta ahora marginado Zapatero, quizás requerido ante el auge de Podemos en Catalunya. El otrora presidente socialista es el que menos rechazo produce en el antaño granero socialista. La consigna es “ Salvad al soldado Sánchez”, pero no sé si dará tiempo. En todo caso, al menos, quieren asegurarse ser segundos, eso dicen en las habitaciones del pánico. Para algunos, tabla de salvación, incluso sueñan con que una carambola lo convierta en alternativa a Rajoy. En esto cuenta Ciudadanos. Aspiran a ser primeros, pero flojean en su discurso; sin embargo, el establishment solo lo considera ya como comodín que apuntale o al uno o al otro y tapone a un crecido, de nuevo, Podemos. La formación morada está subiendo, dicen algunos expertos que hasta Unidad Popular lo hace. Su supuesto error con Andalucía en el debate televisivo a cuatro podría no serlo. Se equivocó en fechas y semántica política, pero no en su estrategia de enviar un mensaje firme a sus posibles electores catalanes: a Catalunya se la puede y debe consultar.

El lunes habrá un nuevo debate, esta vez a dos. Sobre el papel, un intento de reducir la lid, como hasta ahora, al antiguo bipartidismo, pero eso ya no es posible. Lo primero que notarán los espectadores es que faltan al menos otros dos. El debate estará en la pantalla pero nunca habrá más metadebate, por trasnochado y cojo. La última bala de Sánchez, quizá la del bipartito, veremos si uno se recupera y si el otro trata de rematar, certificando la muerte de su compañero de baile, o contemporiza para mantenerlo. En todo caso, será un traslado de la habitación del pánico. Sánchez y Rajoy estarán uno pendiente del otro pero lo estarán, igualmente, de los ausentes. Nunca antes un debate a dos ha sido como lo es este: un verdadero set del pánico. (Cuando termino esta columna llegan noticias del atentado en Kabul. La mala gestión inicial de Rajoy amenaza su campaña.)