Pan y... televisión

Los líderes han encontrado, incluso en la televisión basura, su manera de burlar sus auténticos compromisos de comparecer y rendir cuentas antes los electores

Como si no lo estuviéramos constantemente, empieza una campaña presidida por dos fenómenos inquietantes: las encuestas y la televisión. La traca final la ha dado la última del CIS. La madre de todas, quizá la madre de todos los intentos por influir en la voluntad política de los electores. Las encuestas, importantes en la comunicación política en democracia, se están convirtiendo, si no lo han conseguido ya, en una potente arma al servicio de los intereses del poder establecido, de ciertos grupos, económicos y mediáticos. Según esas encuestas, el poder resiste. Habrá ruptura del statu quo, el bipartito, pero, en lo sustancial, el poder establecido está garantizado. Eso dicen, y los llamados a garantizarlo serán PP y Ciudadanos. La izquierda, dividida, no tendrá fuerza por si para ser alternativa; la izquierda emergente no podrá amenazar con solvencia a la vieja política. Los nacionalismos periféricos no podrán ejercer el papel que antaño jugaron de muletas de ese statu quo que durante más de treinta años ha hecho viable el actual modelo.

En todo caso, los emergentes llegan con fuerza, ya nada será igual, pero la Transición se reinventa, se reproduce, y no habrá fuerza para una Segunda Transición. Todo son encuestas, deseos, ya veremos; sin embargo, la transformación alcanzará a la propia vida orgánica de los partidos. Pase lo que pase, todos los partidos, ganadores o perdedores, quizá con la exclusión de Ciudadanos, entrarán en crisis. El PP se prepara para no perder, ofreciendo a Soraya. Un mensaje claro a Ciudadanos y, digamos, al ÍBEX-35. Los riveristas se envalentonan aspirando a lo máximo. El PSOE confía en su campaña, en su capacidad de remontar y en el error secular de las encuestas, pero olvidan que ya no hay un enfrentamiento bipolar, sino, al menos, entre cuatro. La sombra de Andalucía los tiene frenéticos. Si Sánchez gana algo, lo hará con los votos andaluces; si pierde, los mismos votos serán su perdición. Podemos se agazapa, piensa en su oportunidad, aunque la incógnita es si están preparados para la oposición o solo para ganar o morir. Queda Unidad Popular, resistiendo con dignidad a la luz de gas del poder.

Y con las encuestas, la televisión. Los partidos del statu quo han entrado en el juego. Sin regulación de debates, los manejan a discreción. El showbusiness entra con fuerza, los líderes han encontrado, incluso en la televisión basura, su manera de burlar sus auténticos compromisos de comparecer y rendir cuentas antes los electores. Es la banalización de la política. La metáfora que nos ofrece Rajoy es aplastante. Ya sea cantando los goles de Ronaldo, jugando al dominó o al futbolín, lleva el traje de los consejos de ministros, es decir, inamovible. Como con Catalunya, la austeridad, sus reformas, en todo. Sin embargo, el futbolín es al fútbol lo que la música militar a la música, lo que el marianismo a una verdadera política de estado. Entre encuestas y televisión estamos, la esperanza es que haya sitio para la voluntad madura de los electores.