Antonio Baños y Eulàlia Reguant: víctimas colaterales

Es más que discutible que haya sido aceptada la presencia de Vox como acusación

JAVIER PÉREZ ROYO
JAVIER PÉREZ ROYO Catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Sevilla

Antonio Baños y Eulàlia Reguant se han negado a responder a las preguntas de la acusación particular representada por Vox en el juicio que se sigue en el Tribunal Supremo contra varios ex-consellers, contra la ex-presidenta del Parlament y contra los presidentes de la ANC y Òmnium. Han sido multados y, si persisten en su negativa, serán procesados por “desobediencia”. La multa y el procesamiento serán consecuencia de la aplicación de la ley, que impone a los testigos la obligación de responder a las preguntas que les formulen todas las acusaciones sin excepción. La desobediencia tiene sus costes.

Nada se puede objetar, por tanto, a esta concreta decisión del Tribunal. En realidad, carece de margen de maniobra y no puede hacer nada más que lo que ha hecho: aplicar la ley. Parece que no habría nada más que añadir.

Pero no es así. El Tribunal Supremo se encuentra en este momento procesal sin margen de maniobra porque, cuando resolvió mediante auto las cuestiones previas que se plantearon al comienzo del juicio, decidió rechazar la solicitud presentada por la defensa de Jordi Cuixart que pedía que Vox fuera expulsada como acusación particular. La presencia de Vox como acusación particular en el juicio no es algo que vaya de suyo, sino todo lo contrario. Es más que discutible que haya sido aceptada su presencia como acusación. Hay, sin duda, argumentos para admitirla, pero los hay también, sin lugar a duda, para rechazarla.

En la ponderación entre el derecho de Vox a ejercer la acusación particular y el derecho de los acusados a oponerse a ella, el TS privilegió el derecho del primero frente al de los segundos

En la ponderación entre el derecho de Vox a ejercer la acusación particular y el derecho de los acusados a oponerse a ella, el Tribunal privilegió el derecho del primero frente al derecho de los segundos. Para tomar esta decisión el Tribunal Supremo sí dispuso de un enorme margen de maniobra. Tomó esa decisión, de la misma manera que podía haber tomado la contraria. En consecuencia, es el propio Tribunal Supremo con su decisión a favor de VOX y contra Jordi Cuixart el que se ha quedado atado de pies y manos ante cualquier incidencia que pudiera plantearse en el interrogatorio de los testigos por la acusación particular. Para los acusados no supone ningún problema, porque tienen derecho a no contestar, pero para los testigos, sí, porque tienen obligación de hacerlo.   

Esta incidencia que no era difícil de prever. Al tomar partido discrecionalmente por el derecho de Vox frente al derecho de Jordi Cuixart, el Tribunal Supremo se ha incorporado a la operación de “blanqueo” de Vox, que puso en marcha hace unos meses José María Aznar, “Abascal es un buen chico”, y a la que se ha sumado de manera entusiasta Pablo Casado y de manera vergonzante Albert Rivera. No hay mayor acto de blanqueo de Vox que el que ha supuesto la decisión del Tribunal Supremo de continuar ejerciendo la acusación particular en el juicio de mayor impacto desde la entrada en vigor de la Constitución.

El favor a Vox y el desfavor a los acusados y a muchos de los testigos ya se ha producido

El Tribunal Supremo se ha incorporado a la operación de blanqueo de Vox. Consciente o inconscientemente. Ellos sabrán. Pero deliberadamente, porque podían haberlo no hecho. Permitir a Vox actuar como acusación particular suponía darle un “plus de respetabilidad” no en un juicio cualquiera y no en un momento cualquiera. De todo esto no podían no ser conscientes los magistrados a la hora de tomar partido por Vox frente a Cuixart.

Por eso era de suma importancia la cuestión previa que se planteó acerca de la “imparcialidad” de varios de los Magistrados y del propio Presidente. Los procesados tenían indicios de sobra para temerse que en el Tribunal se impondría la interpretación de la ley que fuera la menos favorable para ellos. Y la toma de partido a favor de Vox y contra Jordi Cuixart fue el primer botón de muestra.

En los comentarios que se están publicando sobre el juicio, se suele resaltar que el Presidente está “atando corto” al abogado de Vox. Pero lo que ocurra en el juicio es irrelevante. El favor a Vox y el desfavor a los acusados y a muchos de los testigos ya se ha producido. Algunos van a tener que pagar un alto precio por ello.

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