Los tumbos de Ciudadanos: del veto al viejo PP a ser su socio preferente

Rivera acumula golpes de volante e incumplimientos electorales

El 16 de junio, en el ecuador de la campaña electoral, Albert Rivera visitó fugazmente Barcelona para participar en un coloquio y programar un acto en el Poblenou, donde jugó al dominó con Juan Carlos Girauta en un centro para personas mayores. Rivera satisfizo ese día las ansias de protagonismo con un mensaje que se propagó en las redes y capitalizó titulares. "No queremos que [Rajoy] continúe gobernando". Los periodistas que seguían la campaña de Ciudadanos (C's) pusieron una marca en la hemeroteca cuando oyeron el veto explícito al líder del PP y voces del partido naranja -también conscientes del alcance del compromiso y desconocedores de la estrategia del líder- tragaron saliva. Rivera enterró ayer esa promesa electoral. El apretón de manos con Rajoy y la música de entendimiento que salieron del encuentro -con el pacto por España como gran enunciado de la cita- hicieron evidente otro incumplimiento del dirigente liberal, el enésimo desde que se foguea en Madrid.

La beligerancia mostrada por el líder del partido naranja meses atrás se convirtió este miércoles en buenas palabras

Rivera pasó de verbalizar en campaña su negativa a investir a Rajoy -"ni por activa ni por pasiva", dijo en el maratón electoral del 26-J- a ablandar su posicionamiento con una abstención en segunda vuelta, que el PP quiere convertir en un voto favorable a la investidura. De hecho, la beligerancia mostrada por el líder del partido naranja meses atrás se convirtió este miércoles en buenas palabras. Rivera dio oxígeno a Rajoy cuando se comprometió a abrir una línea directa de colaboración para hablar del techo de gasto y de los presupuestos generales del Estado. Lejos queda el mensaje regenerador. Ahora la prioridad del dirigente de Ciudadanos es ofrecerse como mediador entre Rajoy y Pedro Sánchez: "Si podemos ser útiles para cualquier negociación, para desatascar [la investidura] con el PSOE, para cualquier cosa, si es por el bien de España, aquí estamos", remachó. Sólo cinco meses después de firmar un pacto de 66 páginas para facilitar el camino de Sánchez hacia la Moncloa, Rivera comparte ahora la urgencia del PP para formar gobierno. Ninguno de los dos caminos casa, sin embargo, con una afirmación del 17 de septiembre de 2015, cuando el presidente de los liberales soñaba con el altavoz del Congreso, empujado por el Madrid del poder. "Nosotros no vamos a apoyar ni a Rajoy ni a Sánchez. Ni investidura, ni pacto, ni gobierno, ni ministros, ni vicepresidente... Más claro, el agua", sentenció en una entrevista antes de los comicios del 20-D.

Polémicas y programa electoral

El maratón electoral no le ha sentado bien a Ciudadanos, que ha retrocedido en los resultados en Cataluña y ha perdido fuelle en el Estado, a pesar de la hiper exposición de Rivera. Los tropiezos en cuestiones relevantes del programa no han ayudado. Desde la campaña de diciembre, el partido ha tenido que rectificar el enfoque de políticas de género -cuestionó la ley de violencia de género de Zapatero cuando instó a "terminar con la asimetría penal por cuestiones de sexo"- y aparcar la propuesta estrella del contrato único -diluïda en el acuerdo con Sánchez-. Muchos golpes de volante.