Carta a mi mujer en Sant Jordi

La rosa que este año no recibirás será la mía. Tendrás que esperar y sé que esperarás

La primavera ha llegado, en Soto del Real también. Lo ha hecho repentinamente: hace cuatro días todavía nevaba y ahora todo indica que en Sant Jordi llevaremos manga corta. Finalmente todo se acaba poniendo en su sitio, es necesario no perder totalmente la esperanza.

Sabes, es imposible no pensar en el Sant Jordi que este año no tendremos, ni nosotros ni ninguna de las familias de los que Llarena ha enviado a la cárcel o al exilio.

No recuerdo cuál fue el primer año que fuimos a pasear entre libros y rosas en la Rambla de Catalunya. Sí recuerdo que yo me resistía, porque decía que en Sant Jordi el lugar donde se tenía que ir a pasear era las Ramblas, la calle Ferran y la plaza Sant Jaume. Pero cambiamos buscando espacios menos concurridos desde donde hojear los libros y caminar sin el miedo de perder a los niños entre el gentío.

No sé qué libro me regalarás, pero sí sé el que te quiero regalar yo. No te olvides de comprar los libros a los niños, sé que no te olvidarás, pero es importante que este año no les falte su libro. Quizás con un poco de suerte ellos te regalan uno, como recuerdo que Oriol empezó a hacer hace un par de años. Y si este año no lo hacen, tampoco pasará nada. Ya sabemos que con la excusa de la adolescencia se lo perdonamos casi todo.

El tiempo pasa y los últimos años apenas conseguíamos que Abril y Clara vinieran con nosotros; Oriol ya era imposible. Este año, como mínimo, me ahorraré esta discusión, aunque estoy seguro de que si el juez me hubiera decretado la libertad ninguno de ellos refunfuñaría si les propusiéramos ir juntos a pasear entre libros y rosas.

Se hará justicia, aunque ahora nos parezca imposible. Y cuando la justicia llegue, lo celebraremos

Este año tampoco os faltará, a ti, a Clara y a Abril, la rosa. Estoy seguro de que tendréis más de una de tanta y tanta gente que nos quiere. Nunca podremos devolver ni una pequeña parte de toda la estima que estamos recibiendo.

La rosa que este año no recibirás, sin embargo, será la mía. Tendrás que esperar y sé que esperarás. Puedes estar segura de que tarde o temprano mi rosa llegará, porque de la cárcel se sale. Y el día que salga nadie podrá impedir que te regale la rosa, que os regale también a vosotras, Clara y Abril, la rosa, como he hecho contigo cada Sant Jordi desde hace 27 años y a vosotras desde que nacisteis.

No importa si cuando salgo ya no es primavera. Sea verano, invierno u otoño, en nuestro corazón será primavera, y todo el mundo lo sabrá. Y nadie lo podrá evitar, como nadie pudo impedir que el 1 de octubre viviéramos en todo el país la primavera más espléndida nunca imaginada.

Como te decía al principio, es necesario no perder totalmente la esperanza, porque finalmente todo se acaba poniendo en su lugar. También se hará justicia, aunque ahora nos parezca imposible. Y cuando la justicia llegue, lo celebraremos, encontraremos tiempo al tiempo para hacer todas las cosas que Llarena nos ha impedido hacer durante todos estos meses. Solo con pensarlo ya me siento un hombre libre.

Mi rosa, cuando llegue, será de un terciopelo rojo intenso. El amarillo será para siempre el recuerdo vivo y dulce de un tiempo en que la dignidad de tantos hombres y tantas mujeres se hizo presente en las plazas y las calles del país para recuperar las libertades robadas.

Disfruta tanto como puedas del Sant Jordi de este año. Te quiero, os quiero.

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