El Apocalipsis Trans del PSOE

Que las mujeres trans cambiamos las estadísticas es cierto: somos más pobres, nos matan más

Una persona mostrando un cartel de apoyo a la comunidad trans el lunes 8 de junio en Ciudad de México / JORGE NÚÑEZ / EFE
JUDITH JUANHUIX
JUDITH JUANHUIX Presidenta de la asociación trans Generem y científica del sincrotrón ALBA

U

n argumentario del PSOE, atizado por la vicepresidenta Carmen Calvo y apoyado por feministas de buena silla, ha ahondado el lodazal de donde queremos salir las personas trans. Después de una redefinición de conceptos que no concuerda con la de la OMS, este sector socialista ha negado el derecho a la libre determinación de la identidad sexual, reconocida en Sentencias del TEDH, el Constitucional y el Supremo, y la pone en manos de “expertos”. La propia identidad sexual, o género, pasa así de ser un derecho a ser un permiso. El argumentario, alineado con el feminismo radical trans-excluyente (o TERF, por sus siglas en inglés), se basa en el miedo a fraudes masivos de la ley contra la violencia de género, alteraciones de estadísticas y un supuesto desplazamiento en la agenda feminista de las reivindicaciones ligadas al sexo. Las mujeres trans, en el uso de este derecho cuando nos determinamos libremente, desdibujamos así la mitad de la población mundial y socavamos los avances de siglos de feminismo. De los hombres trans, ya ve, no tenemos noticia en discurso pero sus derechos se recortan igualmente: ni se les reconoce la autodeterminación de su género ni se les quiere mencionar en las leyes de derechos sexuales y reproductivos aunque puedan gestar. En resumen, las mujeres trans, y solo las mujeres, provocamos en el feminismo lo que vendría a ser un Apocalipsis Trans.

Éste es claramente un discurso del miedo con aires conspiranoicos, y recuerda demasiado al intento en los años 70 de echar del feminismo a las lesbianas con pretextos como la invisibilización del derecho al aborto si estaban incluidas. Este miedo es desmentido por los hechos y los derechos. Pensar, como aseguran algunas TERF, que los maltratadores se reconocerán como mujeres para cambiar la tipificación de un delito por el que serán juzgados igualmente es simplemente ridículo. De hecho no se ha dado en Argentina o Canadá, donde hace años que el derecho a la autodeterminación de género está reconocido. Pero aunque se diera, el fraude a la ley que protege un derecho no puede impedir su reconocimiento. Y si no, empecemos por abolir el matrimonio para evitar los de conveniencia.

Más hechos. Que las mujeres trans cambiamos las estadísticas es cierto: somos más pobres, estamos menos representadas y nos maltratan más. ¿Hay que recordar que la actividad principal de las mujeres trans hoy en Cataluña es el trabajo sexual, a menudo no deseado? En todo caso, incluirnos en las estadísticas no sólo es justo por el hecho de ser mujeres, también refuerza la necesidad de las políticas de paridad y contra el machismo. ¿Dónde está el problema?

El argumentario TERF contra el derecho a la identidad sexual carga también contra el no-binarismo, la identidad de las personas que no quieren ser definidas ni como hombres ni como mujeres. Señoras, sólo desde el repliegue esencialista que nace de la ignorancia se puede creer que el sujeto político del feminismo se ve perjudicado por la existencia de otras identidades que, además, desdibujan los roles de género patriarcales.

Ante la nueva posición reaccionaria de parte del PSOE y, digámoslo, del PSC, la comunidad LGTBI tiene que cerrar filas. Si el año pasado no se permitió el doble discurso de Ciudadanos, que mientras se llenaba la boca de letras pactaba con el partido fascista español, tampoco podemos permitir ahora el doble discurso que supone apelar a la pasada gloria multicolor de Pedro Zerolo mientras se pide la validación médica de las personas trans y se nos niega la dignidad con el mismo lema que el bus de Hazte Oír.

Más importante aún, el feminismo también tiene que cerrar filas. Angela Davis lo tenía muy claro cuando dijo en el CCCB que "cualquier feminismo que privilegie a quien ya tiene privilegios será irrelevante para las mujeres pobres, las mujeres precarizadas, las mujeres de color, las mujeres trans, las mujeres trans racializadas". No nos engañemos: cuando desde posiciones trans-excluyentes hablan del borrado de las mujeres, se refieren a la mujer blanca, cisgénero, hetero, no precaria y sin diversidades, porque a las otras ya nos borraron antes. Nos piden luchar contra su techo de cristal mientras el resto seguimos embarradas porque nuestro barro, han sentenciado, no es una lucha feminista.

El PSOE y todos los demás partidos, ante el debate, deben demostrar su compromiso real con los derechos humanos y apoyar una ley orgánica que consolide el reconocimiento de la autodeterminación del propio género, incluidos menores y personas migrantes, que ya han hecho altos tribunales y organizaciones internacionales. Los partidos que no impulsen este derecho serán rehenes del discurso del miedo y cómplices de quien discrimina desde las alturas del privilegio.