Aborto, hipocresía y cortinas de humo

Yo soy católica. No soy apostólica ni romana. Soy católica porque soy profundamente creyente y porque me he criado en esa religión. Tras muchísimas dudas, decidí recuperar mi Fe, con reservas. Me gusta lo que hace y dice el Papa Francisco. Pero éste no es un artículo para hablar sobre mi religión.

Ese sería tema para otro artículo.

Como católica que soy, yo no abortaría. Yo. Hasta ahí. Pero entiendo que yo no puedo imponer mi fe ni mis ideas a otros. De la misma forma que no querría que en España se considerase legal la poligamia solo porque cuatro mormones o cuatro islamistas de según qué facción me impusieran sus ideas religiosas sobre el matrimonio, yo no voy a imponerle a nadie lo que yo pienso o creo.

(Ojo: Muchos musulmanes no consideran legal ni moral la poligamia, pero ése sería tema para otro artículo)

Dicho lo cual, diga lo que diga Gallardón, en España se va a seguir abortando.

Se va a seguir abortando, en primer lugar porque la ley Gallardón recupera el coladero del riesgo para la salud psíquica de la mujer, ya que presenta dos supuestos -el riesgo para la salud física y el riesgo para la salud psíquica- como si fuesen uno solo. Porque la Ley Gallardón dice que"se entenderá cuando el embarazo produzca un menoscabo importante en su salud, con permanencia o duración en el tiempo, según los conocimientos de la ciencia médica en ese momento". Recordemos que la mayoría de los abortos realizados al amparo de la ley de 1985 se acogieron a este supuesto.

Se va a seguir abortando, en segundo lugar, porque sucede con el aborto lo mismo que con el suicidio.

El suicidio es ilegal en muchos países y está fuertemente condenado por la sociedad en otros, especialmente en países con mayoría de población católica. En México, por ejemplo la ley protege el bien jurídico tutelable que es la vida. En consecuencia al suicida, si se salva, le cae una pena y puede ser ingresado en la cárcel o en otra institución. Lo mismo sucedía hasta hace no tanto en el Reino Unido. (En la autobiografía de Robert Graves se cuenta una historia al respecto. Cuando Laura Riding, su primera esposa, salta por la ventana, Graves y sus amigos se las ven y se las desean intentando convencer a la policía de que se trató de un accidente, y no un intento de suicido, como en realidad había sido). En la práctica penalizar el suicidio no es disuasorio, como ha quedado demostrado.

Por lo tanto, el que se quiere suicidar, se suicida. Sea el suicidio legal o no.
Y la que quiere abortar, aborta. Sea el aborto legal, o no.

Porque "de la piel para adentro mando yo", que decía Escohotado.

Cuando el aborto no era legal en España las chicas de mi generación se tomaban tres cajas de pastillas anticonceptivas, o tres cajas de redoxón (la vitamina C es abortiva) o se introducían hierbas abortivas en la vagina (casi siempre se trataba de una mezcla de ruda y perejil). Poco tiempo después, se iniciaba el sangrado. La chica se presentaba en el hospital, se consideraba que se trataba de un aborto espontáneo y se le practicaba un legrado. En algún caso, por miedo a la familia la chica no se presentó en el hospital y acabó muy enferma.

Esa historia sería tema para otro artículo.

Es decir, que el Código Penal de Gallardón no acabará con el aborto. La que quiera abortar o probará a meterse ruda, perejil, o corteza de calambre, o hierba de San Juan, o tomillo, o diente de león, o capsulas de aceite de onagra... o una mezcla de todo lo anterior, por la vagina. O, si es una chica pudiente o con recursos, podrá conseguir que un médico firme diciendo que su salud psíquica peligra, o se irá a Londres.

Pero las mujeres seguirán abortando.

Se va a seguir abortando.

Se va a seguir abortando porque según la Nueva Ley de Desahucios delPP si eres madre soltera, tienes un hijo de cuatro años, cobras 600 euros y tienes una hipoteca de 900, te vas a la calle, así de simple. Y tu hijo contigo Mejor abortas.

Se va a seguir abortando porque a los señores del PP interesa mucho el derecho a la vida, pero una vez nacido el niño, la protección de la infancia se la sopla. De nuevo, así de simple.

Se va a seguir abortando porque el Gobierno del PP se resiste a ampliar la educación sexual en las escuelas y a facilitar a los adolescentes métodos anticonceptivos y se opone pues a tomar medidas que reducirían notablemente la tasa de abortos adolescentes.

Se va a seguir abortando porque las cifras de aborto entre las adolescentes se han duplicado en la última década. Y siguen en alza.

Se va a seguir abortando porque el Gobierno del PP se opone a eliminar recortes en la Ley de Dependencia y volver a la situación previa. Se va a seguir abortando porque cualquier mujer que sepa que va a tener un hijo con problemas probablemente aborte, ya que sabrá que no va a poder mantener a su hijo y que no va a recibir ayuda.

La hipocresía y la peversidad del asunto radica en que este PP que se opone al aborto se opone de paso a medidas que podrían reducir drásticamente la tasa de aborto.

Pero para dar el giro máximo a esta hipocresía lo fuerte es que este Código Penal no nos deja abortar, pero nos lo pone todo muy fácil para que seamos putas. Al leer el proyecto de reforma del Código una se da cuenta que se ha eliminado el concepto de explotación sexual y se han añadido dos condiciones que en la práctica legalizan el proxenetismo y los grandes burdeles como los que se querían instalar en Eurovegas.

Pero ése sería tema para otro artículo

Pues eso, que se va a seguir abortando.

Pero es que el tema del aborto no es más que una cortina de humo.

La Ley del PP no impedirá que ninguna mujer aborte. Como la ley en México no ha impedido jamás que en México se suicide nadie (y en la práctica, y que yo sepa, tampoco ha enviado a suicida alguno a la cárcel).

Pero la comparación nos viene al pelo. Si un gobierno quisiera de verdad eliminar la tasa de suicidio entre su población, lo que debería hacer no es penar al suicida, sino, a través de su Ministerio de Salud, iniciar acciones para la prevención del suicidio que incluyeran la distribución de material informativo, la realización de spots publicitarios y la capacitación de los equipos de psicólogos públicos para tratar a pacientes depresivos en riesgo de suicidio.

De la misma manera, si este gobierno de verdad quisiera reducir la tasa de abortos, debería distribuir en los colegios material informativo sobre anticoncepción, iniciar campañas de información al respecto y no recortar en ayudas a dependencia. Ya puestos, digo yo que en lugar de subvencionar corridas y dehesas, se podrían subvencionar guardería.

Esta Ley no evitará ningún aborto. Se seguirá abortando en España, tanto o más que hasta ahora. La polémica de la ley del aborto funciona como una cortina de humo que oculta temas igualmente serios.

El señor Gallardón ha conseguido que se hable mucho del aborto y muy poco sobre el hecho vergonzoso de que su Código Penal ha olvidado endurecer las penas por corrupción y que ha olvidado de paso la reclamación de que los delitos por corrupción no prescriban.

En la práctica: si le debes dinero al banco, tienes un problema para toda la vida. Si robas dinero a los contribuyentes, te basta con tener amigos jueces que se vayan inhibiendo (como fue el caso de Fabra en el que inhibieron hasta nueve jueces) para marear la perdiz el tiempo suficiente e irte de rositas, como será presumible que suceda en tantos casos.

Pero ése sería tema para otro artículo.

Y alguien debería escribirlo.

Ya.