Por qué me duele tanto ser española


Hasta ayer yo siempre repetía lo mismo. Estoy a favor de un referéndum por la independencia de Cataluña, pero si se hiciera, yo abogaría a favor del no. Es una postura muy larga de explicar y que requeriría otro artículo. En cualquier caso, ayer, por primera vez, entendí el sentir independentista catalán. Porque ayer me abochorné hasta el tuétano de ser española. De tener DNI español y de viajar con pasaporte español.

Hace años los Goya se celebraban en el IFEMA, en el recinto ferial Juan Carlos I, que es un espacio amplio, luminoso, cómodo. Por razones de presupuesto la gala se ha tenido que trasladar a un hotel y parecería que en lugar de los Goya uno va a la boda de la hija de un concejal de Urbanismo de un pueblo de la costa alicantina. Hace años cuando uno llegaba le ofrecían una copa de champán. Ayer uno tenía que pagarse sus copas. Cuando comenté este hecho en Twitter me llamaron de todo menos bonita. (Ah, por cierto, yo, personalmente, no he recibido un euro de dinero público en la vida. Y trabajo desde los 18 años. Llevo, pues, treinta años trabajando, y cotizando. Pago 300 euros al mes como autónoma. Me multan por trabajar. No me llame usted vaga.)

¿Cómo me atrevía yo a exigir que me pagaran las copas todos los españoles?, me decían, ignorantes. Porque la gala no se paga con el dinero de todos los españoles, sino con el de los derechos de retransmisión de TVE (y teniendo en cuenta que esa retransmisión consigue picos de audiencia, se paga muy, muy barato), y con patrocinadores. Y luego arremetieron conmigo porque el cine español recibe subvención.

El diario 'Abc', ese que inició la tendencia de criticar al cine español porque recibe subvención, es el diario más subvencionado de España. Ya conté en este mismo periódico que se benefició de las subvenciones que perdió 'El Mundo' cuando 'Perrojota' empezó a criticar al PP. También hablé de los fiestones que ese periódico da, y que sí, se pagan con dinero de todos los españoles. Ninguna gala de los Goya es tan lujosa ni cuenta con semejante cátering.

El PP se llevó 120 millones de euros públicos en 2011, más del doble que los cineastas. Frente al 3% de ingresos por subvención del cine, el PP se mantiene en un 90% gracias a subvención.

La patronal CEOE recibirá 400 millones en subvenciones. El cine español, 50.

El cine dio empleo directo a casi diez mil personas en España. Tanto como el que genera la Peugeot Citroën. Pero esa empresa recibió el año pasado 66 millones de euros.

3.000 millones van a subvenciones en España: a la ganadería, minería, agricultura, automóvil, eléctricas, telecos, medios de comunicación... Pero solo se critica las subvenciones que recibe el cine.

España es casi el único país de la UE en el que el cine paga el máximo tipo de IVA, en vez de un tipo reducido por su interés cultural. 21% frente al 4% francés.

El ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert, no solo ha subido el IVA, no solo está rebajando las nuevas subvenciones, sino que no está pagando las ayudas que él mismo concedió el año pasado. Muchos productores solicitaron créditos a su nombre para adelantarlas. El Gobierno no paga, el banco ejecuta los avales, los productores se arruinan.

Ese ministro se permitió no ir a la gala de los Goya, un gesto que en Francia le habría costado la destitución fulminante. Como bien dijo Mariano Barroso, ¿se imagina alguien que el ministro de Defensa no acudiera el desfile de las Fuerzas Armadas o a la Pascua Militar?

Ayer me di cuenta que España es un país que desprecia la cultura, que la maltrata, que la veja y que la insulta. Un país que ha inhabilitado a Elpidio Silva, pero que salvará a una infanta que ha robado (presuntamente) una pasta que no necesitaba y se la ha quitado a unos niños discapacitados que sí la necesitaban. Un país que gasta más en coches oficiales que en cine (63 millones). Que gasta diez veces más en matar animales inocentes que en cine (564 millones al año de subvención a la tauromaquia).

No he escuchado jamás a un catalán criticar a Bigas Luna, a Balagueró, a Francesc Bellmunt, a Ventura Pons, a Kike Maíllo, a Cesc Gay, a los Bayona, a la Coixet. No les llaman "vividores" ni vagos ni oportunistas. No me imagino que el Conseller de Cultura se permitiera no acudir a la inauguración del Grec. Y de hecho, cuando vivía en Cataluña, me encontraba al Conseller en todos los actos.

Y por eso, precisamente, ayer, por primera vez, entendí a los independentistas catalanes.

En fin, me gustaría que si queda algún español que de verdad ame a su país, me gustaría, digo, que se pare a pensar que un país sin cultura es un país esclavo. Un país sin cultura es un país sin identidad ni espíritu crítico, fácil de manejar y manipular. La cultura es la primera en ser recortada. Y una persona que de verdad amara a su país, y apostara por él, no debería permitir que algo así sucediese.