LA BRÚJULA

Deserciones activas

Tocar fondo implica renunciar. Sobre todo, renunciar a quien creíamos ser antes de interrumpir una supuesta relación de sentido

Una amiga me escribe un mail. Se está planteando dejar la universidad después de muchos años como profesora asociada, es decir, cobrando una miseria con contratos temporales y sin Seguridad Social, ni baja de maternidad ni horizonte de ningún tipo de mejorar su situación. Ya no es una niña y su trabajo tiene repercusión y es reconocida en el ámbito público. Si dijera su nombre algunos lectores la conocerían. En la universidad, sin embargo, sólo puede pedir limosna y cruzar los dedos. No es una, son miles en Cataluña y en España que hace tiempo que callan, entre la vergüenza, la impotencia y, también, el oportunismo (¿y si soy yo quien acabe "entrando"?). En algunos casos, como en la UB, empieza a haber protestas, huelgas, denuncias colectivas. Por fin... Mi amiga se pregunta en el mail: ¿y si no sigo? ¿Y si digo que no este próximo curso? Mi dignidad necesita este no. Pero, ¿y mi vida? La posibilidad de este no, de esta deserción activa, es el tema de la brújula de hoy. Para hablar de la universidad necesitaríamos un libro de navegación entero.

. INTERRUMPIR. Interrumpir una situación de opresión o un proceso de degradación es el primer paso para la transformación. La brújula del no quizás no tiene todavía un horizonte de llegada pero tiene lo más importante: un punto de partida. Conocemos y toleramos muchas formas de negación reactiva: la prohibición, la exclusión, la represión, la censura, el maltrato, etc. Pero tendemos a inhibir la negación activa, aquella que con un hasta aquí, no quiero hacerlo, no os creemos, etc. pone el umbral a partir del cual tomar una posición y resituar nuestro pensamiento y nuestra acción. Habría que hacer un estudio sobre cómo hemos llegado a cultivar tanto miedo, socialmente, a decir que no. Rousseau decía que el ser humano es el único animal que se hace imbécil a sí mismo. La pregunta es cómo puede ser que esta imbecilidad, es decir, esta incapacidad de relacionarse dignamente con lo que nos pasa no toque nunca fondo.

. RENUNCIAR. Tocar fondo implica renunciar. Sobre todo, renunciar a quien creíamos ser antes de interrumpir una supuesta relación de sentido. Por ejemplo, ser profesora de universidad, o ser la pareja de alguien, o ser un trabajador ejemplar, etc. En toda renuncia hay una pérdida, pero renunciar no es estar perdido. Todo lo contrario: es saber de dónde volver a partir. En este sentido, renunciar no es rendirse. A menudo, demasiado a menudo, la rendición es continuar. El personaje de Melville, Bartleby, hizo famosa aquella frase que ahora llevamos en bolsas y camisetas pero practicamos poco: "Preferiría no hacerlo". Sacada de contexto, puede parecer una oda a la cobardía o la pereza. Pero Melville era navegante y sabía muy bien que en toda verdadera interrupción comienza otro viaje.

. DESPLAZAR. Cuando decidí estudiar filosofía, mi profesor de COU me regaló un libro y en la dedicatoria decía: "Si alguna vez recibes un no, inicia una más radical navegación". Veinticinco años después y con unos cuantos nos en la piel y algunas navegaciones radicales iniciadas, he aprendido que los nos no sólo se reciben sino que se pueden decidir y que las navegaciones no son fugas sino encuentros. La ideología del emprendimiento nos empuja a buscarnos la vida, a ver una oportunidad en la miseria y en hacer del sí a todo una cadena colectiva disfrazada de libertad individual. Interrumpir el sentido de esta ideología y de sus efectos íntimos y políticos implica poner en un primer plano que no se trata de buscarse la vida, sino que la vida es la condición para buscarnos, aunque no sepamos con quien ni donde nos encontraremos.

Me pregunto de cuántas deserciones activas están hechas las resistencias de nuestro tiempo. Cuando manifestarse, protestar o hacer una huelga cuesta años de prisión y fianzas millonarias, cuando dar la cara te puede hacer perder un ojo, las fugas se vuelven clandestinas, personales, silenciosas. Pero porque no son derrotas sino nuevos puntos de partida, va siendo hora de hacer una cuestión colectiva, un punto de encuentro y un motivo compartido de lucha.