¿Por qué dicen que las empresas huyen de Cataluña?

Se distorsiona la realidad para crear dudas sobre la reputación empresarial de Cataluña y culpar al soberanismo

Empiezo a estar harto de la cantinela de que las empresas se van de Cataluña y de que las inversiones se detienen. Todo por culpa, evidentemente, del soberanismo. Desde el 2012 se va repitiendo sin que los datos acompañen, pero es lógico que insistan: los rumores son muy útiles mucho cuando se pretende introducir una idea, sobre todo si es falsa.

¿Se ha observado estos últimos años una disminución de la inversión extranjera y del interés de los inversores por Cataluña? En absoluto. ¿Se ha detectado una fuga de empresas superior a la habitual antes de la eclosión soberanista? Tampoco.

¿No se ha producido ningún cambio, entonces? Sí, alguno ha habido. Hemos sufrido, por ejemplo, que destacados miembros del gobierno central insinúen a inversores que les iría mejor instalándose fuera de Cataluña. Hemos recibido zancadillas de cierto personal de embajadas y de oficinas del ICEX a nuestra labor de apoyo a las empresas catalanas que se internacionalizan y de captación de inversiones (también hay que decir que hay muchos que actúan con profesionalidad y responsabilidad y cooperan de manera correcta y cordial). Y nos constan muchas gestiones diplomáticas para que representantes económicos de otros gobiernos no nos reciban. En definitiva, las dificultades que haya podido tener el rol público de apoyo a la internacionalización de la economía catalana no han venido ni de un proceso democrático ejemplar ni de los recelos de empresarios o gobiernos extranjeros; proceden de la hostilidad disimulada pero activa del gobierno español.

Todo esto se ha contrarrestado gracias a la labor de la gente que trabaja para las oficinas exteriores de comercio e inversiones de la Generalitat, al ánimo y la osadía de nuestras empresas -sobre todo, pequeñas y medianas-, al apoyo de muchos catalanes bien posicionados en todo el mundo y a la simpatía de buena parte de aquellos que han recibido presiones inapropiadas.

Ahora nos toca contrarrestar otro frente, el indicado al inicio del artículo: la presentación de fenómenos normales en la economía de mercado como si fueran trágicas consecuencias de la “deriva soberanista”. Se coge el dato de 1.000 empresas que “se fueron” de Cataluña en 2014 y se pontifica el apocalipsis a partir de él. Se ignora voluntariamente que se habla de cambios de domicilio fiscal y no de empresas que cierran y se van. Se ignora voluntariamente que “se van” más de Madrid; concretamente, 1.400 en el año 2014. Se ignora voluntariamente que hay más de 600 que vienen de otras comunidades autónomas. Se ignora que este fenómeno es bastante más antiguo que el soberanismo. Toda esta contextualización, procedente del mismo estudio que esgrimen, hay que ocultarla porque si no la tesis no se sostendría por ningún lado.

Estas advertencias que nos hacen no responden, pues, a la preocupación sino a la mala fe. Se distorsiona la realidad para crear dudas sobre la reputación empresarial de Cataluña y provocar de esta manera el efecto pretendido: que la economía catalana vaya mal para poder justificar así su oposición a la independencia.

Dos son las preguntas que me surgen ante este panorama. La primera es por qué hay gente y entidades que se avienen a este juego sucio. Quiero creer que una parte significativa de los casos responde a una credulidad excesiva ante cualquier rumor, por mal fundamentado que esté, que avala los propios temores. En otros casos, esta ingenuidad es dudosa y hay que buscar más bien una militancia activa contra el proceso, un seguimiento de consignas que vienen de determinados partidos o un aseguramiento de las posiciones particulares en el star system del empresariado español. Tampoco podemos ignorar la exagerada atención mediática que reciben determinadas entidades sin base social representativa cuando difunden este tipo de mensajes, la cual las incentiva a persistir en los disparates.

Y de esto último surge la segunda pregunta: ¿por qué hay tantos medios de comunicación que se han cruzado de brazos y se limitan a propagar estas “noticias” sin contrastar su veracidad ni la solvencia de quien las emite? Con un poco más de rigor profesional, ni los rumores ni las manipulaciones de datos pasarían los filtros de la noticiabilidad o, en todo caso, serían debidamente confrontados a las fuentes y, por tanto, perderían su espectacularidad. La economía, la política y la calidad periodística saldrían ganando.

En todo caso, la defensa de la empresa catalana -de su capacidad de generar riqueza y de crear puestos de trabajo- pasa hoy, en muy buena medida, por denunciar todos estos groseros intentos de desacreditar al país y su recuperación económica.