La bruma gallega

La existencia de Galicia, que celebra hoy su Día Nacional, cuestiona el relato histórico de España

Que explique Galicia, desde Catalunya y desde el momento actual. Cuando la sociedad catalana ha vivido una experiencia traumática y aún no ha salido de ella, ahora que está revisando su relación con entes como 'España', 'la meseta', 'nosotros, nosotras', 'ellos, ellas'...Cuando Catalunya todavía no ha reconstruido su identidad tras la batalla. No es poca cosa intentar explicar ese ente, 'Galicia', que además aparece diluido entre 'los otros'. A ver.

La existencia histórica de Galicia, cuyo Día Nacional se celebra el 25 de julio, cuestiona el relato de la historia de España: la Gallaecia no fue ni visigoda ni musulmana. El reino suevo fue el primer territorio independiente dentro del imperio romano de occidente a través de un pacto tributario con Roma que en algún momento llegó a abarcar todo el occidente peninsular. Retrocedió ante el empuje de los recién llegados visigodos, la capital de su reino en Toulouse, reino al cual acabó siendo anexionado sin perder su carácter político propio y cuyos límites respetaron los árabes al ocupar el territorio de la dinastía visigoda. No cabe discutir aquí la historiografía castellanista que se remonta a las invenciones de Ximénez de Rada al servicio de la mitra toledana, invenciones retomadas en el XIX por Modesto Lafuente y continuadas en el XX por Menéndez Pidal que obvian que los propios árabes se referían a Al Andalus como su territorio y 'Jaliquia' al territorio cristiano del Noroteste y Norte. Bastaría saber que el tal Don Pelayo, Pelagio, era de Tui, frontera entre las actuales Galicia y Portugal. Bastaría aceptar la evidencia de que esos tales reyes 'castellanos', hablaban gallego-portugués, lengua en la que se desenvolvió la música y literatura de los trovadores peninsulares en el occidente peninsular. Bastaría mirar el mapa, la realidad geográfica de que el Sur de Galicia es Portugal. Sí, Galicia es incómoda para el relato de la España castellanista y también para Portugal, que tiene que olvidar u ocultar que tampoco nació del vacío de repente sino como condado, luego reino, que se separó del Reino de Galicia. Hubo un momento en que Galicia y Portugal pudieron reunirse y la historia peninsular habría sido muy otra, cuando la Trastámara 'dona Joana', a quien sus enemigos llamaron 'Beltraneja', casada con el rey de Portugal, fue derrotada en la batalla de Toro por su tía Isabel, luego 'la Católica'. Se replegó el rey portugués a su territorio y la nobleza gallega fue decapitada, en parte literalmente, exiliada a Portugal e Inglaterra, y también obligada a residir fuera de su territorio, vigilada en la corte. La 'doma y castración' del reino.

Galicia es un país antropológico y cultural, sin liderazgo aún ni conciencia nacional, pero tampoco es la España uniforme borbónica

Disculpen esta explicación, pero es que somos un país al que su clase dirigente le fue liquidada hace cinco siglos y sometido desde entonces a intereses de una corte muy ajena y contraria. Galicia es por su lugar en el mundo un país atlántico, sus relaciones eran marítimas pero las alianzas y conflictos de las dinastías reinantes con países como Inglaterra u Holanda perjudicaron sistemáticamente nuestras exportaciones. La historia de Galicia es la de una decadencia continuada, los hijos de las antiguas familias se incorporaron sistemáticamente al servicio de la corte que oprimía e ignoraba el país, y los momentos de modernización económica los protagonizaron elementos llegados de fuera, cameranos o catalanes, que o bien no llegaron a integrarse y reconocerse gallegos o bien actuaron como elementos francamente coloniales. La regeneración posible vino de los intelectuales desde la Revolución Gallega de 1846, (“Galicia, arrastrando hasta aquí una existencia oprobiosa, convertida en una verdadera colonia de la corte, va a levantarse de su humillación y abatimiento [...]”). Los comienzos del siglo XX fueron el momento en que se fraguó una generación madura que imaginó una Galicia soberana acompañada de creaciones empresariales insertadas en un plan de país. El golpe del 36 liquidó de modo sangriento esa camada dirigente.

Entre el XIX y el XXI, de ser un territorio muy poblado pasó a ser una autonomía demográficamente envejecida y con zonas desertizadas aunque, contra la percepción dominante, tiene partes de gran dinamismo político, social y económico, y de hecho es una de las pocas comunidades exportadoras. Un balance contradictorio. Tras la represión de los militares el galleguismo republicano superviviente se exilió tras el Atlántico y el galleguismo del interior renunció a la política limitando su objetivo a la supervivencia de la lengua. Renació políticamente en los sesenta bajo la influencia de los movimientos de liberación anticoloniales y su evolución fue y es lenta y costosa. Tras la acumulación de fuerzas en torno del BNG vino una última ruptura en el 2012 cuando una parte se marchó tras quien era entonces portavoz de la organización, Beiras, para aliarse con Izquierda Unida, y más tarde a un pacto con Podemos y a subsumirse en su grupo parlamentario en las cortes. 

La penetración de Podemos supuso el retroceso de la posición política del nacionalismo, la autoorganización y consiguientemente la soberanía nacional. En realidad es un retroceso al final de los años setenta cuando se rompe la Federación de Partidos Socialistas del estado y se subsumen en el PSOE de entonces. Tras el fracaso y la división de la candidatura local en torno de IU y Podemos los últimos signos son de que el BNG se recupera. A ver. Galicia es un país antropológico y cultural, sin liderazgo aún ni conciencia nacional, pero tampoco es la España uniforme borbónica. Como en tantas cosas, algo por determinar.