BARÇA

Messi, más fuera que dentro del Barça

Tiene más interés por saber cuál será su nuevo equipo que por conocer el nuevo presidente del club

"Estoy cansado de ser siempre el problema de todo en el club". Con esta frase aterrizó Leo Messi en Barcelona después de unos días con su selección. Ha pasado lo que hace unos años parecía imposible: el argentino está más a gusto con el equipo  de su país que con el Barça. A pesar de la eterna comparación con Maradona y las voces críticas que todavía tiene que oír por las finales perdidas en los últimos tiempos (Mundial de 2014 y Copas América), ahora mismo le pesa más el 10 azulgrana que el 10 albiceleste. De aquí la lectura contundente que pronunció cuando uno de los periodistas que lo esperaban en la terminal corporativa del Prat le preguntó si tiene una mala relación con Antoine Griezmann después de que en las últimas semanas el entorno del francés lo haya insinuado. "Los entrenamientos del Barça están diseñados para complacer a determinadas personas", soltó, en este sentido, el tío del ex del Atlético de Madrid hace pocos días.

Messi no contestó sobre Griezmann, con quien tiene una relación cordial fuera del césped y mejorable cuando la pelota está en juego, pero sí aprovechó la ocasión para verbalitzar el malestar que lleva tiempo arrastrando en el Barça. Casi tres meses después de mandar un burofax para intentar irse libre –con el 2-8 en Lisboa de fondo–, dejó muy claro que continúa a disgusto en el club en el que lo ha ganado todo. Ni siquiera la dimisión en bloque de la junta de Josep Maria Bartomeu, la misma que se negó en redondo a dejarlo salir, le ha calmado los ánimos. Dentro de un mes y medio ya podrá negociar con cualquier otro club, puesto que su contrato expira en junio de 2021. Lo motiva poco, de momento, la posibilidad de renovar como azulgrana una vez sepa quién será el próximo presidente de la entidad.

Messi explota: "Estoy harto de ser siempre un problema"

Según ha podido saber el ARA, Messi está ahora mismo mucho más preocupado por ver qué puertas se le abren en los próximos meses que por esperar que los precandidatos a los comicios empiecen a seducirlo para que se retire en el Camp Nou. Es cierto que, una vez digirió la negativa al burofax y el adiós de Suárez, mandó un mensaje de unión a todo el barcelonismo. "Después de tantas desavenencias, lo mejor está por venir", dijo. Pero ha pasado un mes y medio y todo apunta a que "lo mejor" no será con él luciendo capitanía en el Camp Nou hasta que se retire del fútbol profesional. Continúa ilusionándolo más la idea de probar suerte en otro equipo que seguir acumulando kilómetros vestido de azulgrana. En junio cumplirá 34 años, y sabe que no le queda mucho tiempo para mantenerse en el primer nivel mundial. Y también es consciente de que la coyuntura actual no le permitirá firmar un contrato, sea donde sea, comparable al que tiene en vigor en estos momentos.

La rebaja salarial y el episodio con Hacienda

De hecho, mientras acaba de decidirse sobre su futuro, Messi está en medio del grave problema económico que tiene el Barça. Porque la entidad azulgrana, ahora a través de la comisión gestora, no le ha propuesto renovar su contrato, sino espaciar los pagos para ajustar la masa salarial de la primera plantilla a la bajada de ingresos de los últimos meses debido al covid-19. Una negociación que en teoría se acaba el lunes y que, al parecer, lo hará todavía sin acuerdo. Fuentes de las conversaciones insisten en que los jugadores implicados continúan sin recibir suficientes garantías en el cobro diferido de contratos blindados y millonarios. También muestran su rechazo a rebajar, como pretende la entidad, partidas ya comprometidas, como por ejemplo pagos atrasados del verano o la prima por clasificarse para la Liga de Campeones. Igualmente, critican esfuerzos recientes como los fichajes de Calathes o Dest y la renovación de Mirotic y creen que un tema tan delicado lo tendrían que estar negociando con un presidente no interino.

El asunto salarial, motivo principal de la demora en la convocatoria de las elecciones –serían el 24 de enero–, no transmite precisamente tranquilidad a Messi en los que podrían ser sus últimos meses como azulgrana. Tampoco episodios como el que tuvo que vivir en su avión privado después de 15 horas de viaje desde Argentina, cuando siete inspectores de Hacienda interrogaron a la expedición durante casi una hora. "Es un control rutinario", argumentaron los agentes de la vigilancia aduanera. Seguro que la escena recordó al jugador que en 2017 la Audiencia de Barcelona lo condenó a 21 meses de prisión por defraudar 4,1 millones durante los ejercicios 2007, 2008 y 2009.