Emergencia climática

El futuro ya está aquí y no hay islas donde esconderse, cada ser humano es una parte de la Tierra

Ver la recreación de la imagen desde el espacio de los incendios de Australia de hace justo un mes era como observar el  Infierno de Dante y leer grabado a fuego su  "Lasciate ogni speranza, voi ch'entrate" [Vosotros, que entráis, abandonad toda esperanza]. Pocos siglos después de que Dante nos describiera el infierno, en los orígenes del humanismo, el poeta inglés John Donne escribía: "Nadie es una isla, completo en sí mismo. Cada hombre es un pieza del continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva un pedazo de tierra, toda Europa queda disminuida, da igual si es un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o tu propia casa: la muerte de cualquier hombre me debilita porque estoy ligado a la humanidad; por eso nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti".

Menos de un mes después de que ardiera Australia, Cataluña, Valencia, Baleares y Andalucía fueron los territorios más afectados por el temporal Gloria, que devolvía a la tierra los desechos que habíamos lanzado hace más de 40 años al mar y se llevaba de toda la costa "un pedazo de tierra". La dimensión del problema del cambio climático es tan grande ya que existe el peligro de que (no) reaccionemos de dos maneras: el fatalismo -no hay nada que hacer- y el negacionism, al que se dedican con furor todos los cretinos habidos y por haber. Con el estreno este jueves de la nueva temporada del programa  Quatre Gats de Ricard Ustrell, Javier Bardem explica la dimensión del reto. La solución "no consiste en pintar la casa, consiste en demolerla".

Con el cambio de milenio, los miembros del Grupo sobre Dinámica de Sistemas del MIT que elaboraron el informe de 1972  Los límites del crecimiento, encargado por el Club de Roma (entidad nada sospechosa de ningún radicalismo político, social o ecológico), actualizaron ese informe a partir de nuevos datos y metodologías. La nueva proyección hacía honor al verso de Dante: de diez posibles escenarios futuros para el planeta, sólo en dos se evitaba algún tipo de colapso medioambiental. En uno, si se hubieran hecho los cambios necesarios en 1982, y en el segundo, si estos cambios se hicieran en 2002. El informe se publicó en 2004. El futuro ya está aquí y no hay islas donde esconderse, cada ser humano es una parte de la Tierra. En este sentido, Ricard Ustrell nos lleva en este nuevo programa a los parajes helados de Svalbard, en el Ártico, para mostrarnos cómo los confines del mundo son también los confines de la humanidad, donde ni los muertos están seguros ante la catástrofe. Pero es un viaje que no se detiene allí, es un viaje que nos lleva finalmente aquí, a un futuro que ya es presente también en nuestro país.

En un sistema global, la crisis es global y pone en riesgo la misma posibilidad de la perdurabilidad de la vida. La vieja contradicción capital-trabajo está dando paso a una aún más sangrienta entre el capital y la vida. Aunque una y otra contradicción están profundamente interrelacionadas, no sólo porque el 10% de los sectores más ricos del planeta son los responsables del 50% de las emisiones contaminantes mundiales, sino porque las soluciones deben llegar a partir de la implementación de nuevos modelos y sistemas productivos que deben tener como principal aliada el conjunto de la sociedad. En este sentido, el programa nos traslada de la Antártida hasta la petroquímica de Tarragona, donde tan sólo una semana antes del temporal que nos asoló se vivió en directo y con efectos dramáticos la precariedad con la que a veces se mueve nuestro modelo productivo. Y es que el problema afecta no sólo los sistemas productivos y el tipo de tecnologías empleadas, sino incluso la base energética de nuestra civilización. Por primera vez en la historia de la humanidad nos enfrentamos al agotamiento del modelo energético sin tener un claro recambio. Con el paso de la biomasa como fuente energética a la civilización-carbón la primera no se había agotado; en el paso del carbón al petróleo tampoco el mineral negro se había acabado. Históricamente la sustitución de una fuente de energía por otra no se ha hecho por agotamiento de la anterior, sino por razones de mayor eficiencia. Por primera vez esto no es así, estamos viviendo en el período del final del petróleo, que a la vez se emplea en un modelo no sostenible ecológicamente, y debemos acelerar desde ya la transición energética. Un campo donde Cataluña está, como nos muestra el programa, en la cola del estado español. Nos podemos llenar la boca sobre ecología, pero en este campo lo único que vale es la realidad.

Tenemos una red urbana como nunca antes habíamos tenido, al tiempo que está integrada en sus flujos con la Cataluña rural y se conecta con el mundo a partir de la urbe barcelonesa, que se encuentra entre las 40 ciudades más importantes del mundo en la captación de flujos. Pero esta no es una integración armónica, no lo es porque sufre una profunda segmentación territorial en el terreno de las desigualdades sociales (lo que saben perfectamente en territorios enteros de las provincias de Tarragona o Lleida, por poner sólo dos ejemplos), pero tampoco lo es en términos de integración de las redes de comunicación. En 2011 logramos el dudoso honor de tener más trabajadores trabajando fuera de su ciudad que en la ciudad, lo que ha supuesto un crecimiento exponencial, ante la falta de alternativas en el transporte colectivo, de la movilidad individual y del consumo energético. Y si el 50% de la energía que consumimos en Cataluña, con una dependencia lacerante del exterior, proviene del petróleo, sólo un 6% lo hace de energías renovables. La crisis es global, pero las soluciones son concretas, y ya no nos podemos permitir no empezar a implementarlas. Transición energética, reducción de emisiones, cambio de modelos y sistemas productivos, todo ello debe formar parte de un nuevo Green New Deal para Cataluña. No te preguntes por quién doblan las campanas, doblan por ti, doblan por todos nosotros.